Se confirmo el engaño. Una vez más, en su última oportunidad por liderar el cambio político y social desde la izquierda en el Estado español, y en el caso concreto que nos ocupa, en Andalucía, IU ha vuelto a traicionar a todas aquellas personas que en las elecciones autonómicas del pasado mes de marzo decidieron darle su apoyo para construir una alternativa real. Mediante una manipulación deshonesta del lenguaje, los dirigentes de la coalición liderada por el PCE han vuelto a abandonar a la clase trabajadora con un discurso fraudulento y absurdo que gira en torno a las bondades de “la unión progresista y de izquierdas contra la derecha”.
Fraudulento, ya que sólo sirve para seguir manteniendo una labor política cuyo único fin parece ser la representación institucional y no la transformación social, obviando por completo las señas de identidad de la izquierda, y renunciando al enfrentamiento directo con la apisonadora camorrista del partido socialista. Y absurdo, porque calificar al PSOE de partido de izquierdas y progresista supone equipararse a un partido de dudosa ética democrática. Un acto que, al instituirse socialmente como una muestra clara de la convergencia programática, discursiva y de actuación entre la coalición de izquierdas y el partido socialista, se convierte en un suicidio público.
De este modo, en vez de establecer diferencias con un partido que desde el comienzo de la crisis se entregó a los dictámenes del gran capital, retrasando la edad de jubilación, recortando derechos laborales, o regalando nuestro dinero a la banca, IU apuesta de nuevo por reventar sus supuestas bases ideológicas y posicionarse como fiel colaboracionista del neoliberalismo moderado, otrora social-democracia. Presenciamos así, la temeraria lapidación del capital humano de izquierdas bajo el discurso de “lo menos malo”, mediante la palabrería del perdedor que dejó de ser creíble desde el mismo instante en el que adquirió la visión cortoplacista, ególatra y codiciosa que el sistema inyecta a casi todos los que adquieren responsabilidades políticas. La ganancia inmediata de un puñado de carteras, de unos cuantos puestos de mando, supone la renuncia directa a trazar un proyecto sólido e irrenunciable con el que cambiar el orden de las cosas y con el que marcar distancias con los valedores de un sistema macabro. Continuar leyendo »



